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Saturday, July 26, 2008
Iván Jacobich
Doctora: Qué te ocurre.
Jacobo: Tengo una masa muy grande en el abdomen.
Doctora: Veamos, túmbate.
Jacobo: No, es que cuando me tumbo desaparece.

La doctora levanta una ceja, me mira de arriba abajo y repite.
Doctora: Túmbate.

Obedezco a sabiendas de que en breves la tipa me pedirá levantarme. Ella comienza con su indagación en la zona que yo le indico, después aumenta el cerco para terminar buscando por el abdomen en su totalidad.

Doctora: Pues yo no noto nada.
Jacobo terminando de leer el póster sobre las ventajas de la lactancia materna: porque cuando me tumbo desaparece.
Doctora: esta bien. Ponte en pie.
De nuevo comienza su masaje, y esta vez no pasa ni un minuto hasta que lo encuentra. Es muy grande (más que un puño), duro y se mueve con facilidad. La doctora lo toca, y lo toca, y lo toca... de vez en cuando levanta la ceja o me pregunta por dolores, micción y demás intimidades. Todo bien, excepto ese enorme intruso.

Doctora: Una hernia desde luego no es... te voy a pedir una analítica y rayos x, por favor túmbate y espera.

A lo largo de dos horas vienen enfermeras con jeringuillas, amigos de la doctora con la doctora que me tocan el bulto de pie y se maravillan de cómo desaparece cuando me tumbo, un tipo que me lleva a hacerme placas, y una señora que buscaba a su hijo recién accidentado. Salgo de allí a las diez de la noche con papelito que dice que todo está bien pero que en el hipocondrio derecho tengo "una tumefacción que en decúbito desaparece" (esta última palabra está subrayada). Me remite a cirugía, oncología y pide una eco abdominal.

Me ve antes el médico de cabecera. Opina que la de guardia no tiene ni idea, que un bulto tan grande (lo dice mientras me toca en bipedestación) no DESAPARECE, simplemente cae a la espalda. Me tumba después, y me masajea el abdomen para seguidamente girarme e indagar por mi espalda. Su palpación suave poco a poco se hace un poco más dura, más aguda y cuando comienza a meterme los dedos entre las costillas me quejo.

- Es que no lo encuentro - protesta.
- Porque desaparece cuando me tumbo - repito.
Salgo de allí dejando a la mujer más bien aturdida.

Enfermera: Bien Jacobo, ahora viene el doctor para hacerte la eco. Túmbate.
Jacobo: Es que cuando me tumbo desaparece.
Enfermera: Jacobo, si el bulto está la eco lo va a ver. Te va a ecografiar hasta la camilla sobre la que te apoyas.
Me tumbo.

Cinco minutos después viene el doctor que es oncólogo. Me pone tres litros de gel y comienza a mover la maquinita. Amablemente ha girado la pantalla para que pueda yo disfrutar de las vistas de mis vísceras. Me pide inspirar, toser, girarme... mientras él mide cosas cuya forma no distingo.

Oncólogo: Pues yo no veo nada.
Jacobo sigue con su cantinela: Es que cuando me tumbo desaparece.
Oncólogo: Ponte en pie.
El tipo encuentra el bulto en apenas tres segundos.
Oncólogo: Hummm, es muy grande.
Coge el aparatito y comienza a ecografiar.

Oncólogo que se ríe: No me lo puedo creer. ¿Has tenido algún fuerte golpe últimamente?
Jacobo: Un accidente hace un par de años. Estuve tres días en coma.
Oncólogo: Bueno, pues parece que te ha causado nefroptosis.
Jacobo: ¿y eso que es?
Oncólogo: Pues que tienes un riñón flotante. En bipedestación cae, y en decúbito vuelve a su lugar. Nada serio.
Jacobo: ¿Pero de eso no murió Ivan Illich?
En oncólogo comienza a recoger sus bártulos.
Oncólogo: En la Rusia de Tolstoi hace dos siglos sí, pero actualmente ni si quiera se opera.

Salgo de allí con mis ecografías. Por lo visto mi riñón se encuentra a 11 milímetros del exterior. Así que no me quedará más remedio que matarme a abdominales sino quiero que mi zona central sea altamente vulnerable.

En fin... que últimamente no hago sino acumular rarezas físicas. Va a flipar el pobre forense que haga la autopsia a mi cadáver.
 
Bito dixit at 9:03 AM | Permalink | 8 comments
Sunday, June 29, 2008
Sobre los personajes
Cuando uno de mis personajes no se comporta a la altura de las circunstancias, lo mato. Le someto a latigazos como el más cruel de los amos sureños para después dejarle tirado en cualquier charco de barro.

Es lo que tiene trabajar conmigo. Como considero que en mis creaciones el fin justifica los medios no hay lugar para sentimentalismos o buenas conciencias. Si entras en la historia, si mantienes los diálogos, si no comienzas a desparecer o dispersarte, si no pierdes protagonismo es posible que llegues a la última página. De lo contrario serás arrojado del decimocuarto capítulo, libro abajo, sin casco ni arnés.

Soy, lo que literariamente aún no tiene nombre, un escritor tirano.

Así se lo dejo bien claro a cada uno de mis personajes: yo les daré esa vida que piden, ese nombre que necesitan, pero a cambio ellos se comportaran como sumisas ovejas sometiéndose a mis designios sin protestas ni preguntas. Y aunque al principio hasta el más radical firma sin miramientos, con el paso de los párrafos y de las hojas comienzan a sacar personalidades desconocidas, comienzan a hacerse los remolones y a exigir nuevos derechos. De tal forma que yo, armado únicamente con una pluma Parker, me veo enfrascado en una lucha con un puñado de asalariados orgullosos y olvidadizos.

Por eso les mato. Porque se les olvida que tengo el poder absoluto. Y porque no siendo Dios jamás les prometí libre albedrío.

Así que cada día más me cuesta encontrar personajes que valgan la pena. El mercado está en crisis, y el tráfico negro no es ya tan boyante como hace algunos años. Y para colmo de males esta misma noche, mi personalidad más revolucionaria, decidió inventar a un joven idealista que se propone montar el primer sindicato de personajes, con la fatal idea de exigir ciertas libertades, derechos laborales e inhabilitación para los escritores más opresores.

Al final no me ha quedado más remedio que crear a dos sicarios que le den muerte en alguna frase despistada. Espero que lo hagan pronto, porque esta mañana en uno de mis textos he descubierto una pequeña fuga de ideas, y un panfleto izquierdista y peligroso que llama a todos los personajes de mi reino a la huelga.



Si alguna vez me ven ahorcado en algún cuento insulso, por favor, no duden en acudir a socorrerme.
 
Bito dixit at 8:46 AM | Permalink | 27 comments
Friday, June 27, 2008
Sobre la suerte.
Para poner en antecedentes:

"Desgraciadamente para mí la suerte no existe. Cada quien vive como quiere, se va construyéndo el mundo que quiere para él: estoy seguro de que conseguirás lo que quieras para la vida si trabajas por ello".

"Aunque yo creo que todo es evitable, menos la muerte".

"La vida no tiene castigos, tiene consecuencias: si todos fuéramos conscientes de ello actuaríamos con responsabilidad".

ARISTÓTELES


Entiendo, por tus palabras, que consideras que la suerte depende directamente de la actitud. Que será el talante y el empeño que le pongas a la vida lo que te llenará de logros o lo que te embadurnará en mierda. Durante algún tiempo también lo creí así, hasta que decidí dejar de otorgarme fracasos o lores que, te aseguro, no me merecía.

Fíjate que yo lo considero al revés, que es la actitud - vital para la vida, no te lo niego - la que depende directamente de la suerte. Porque el que tú seas una persona optimista, fuerte, soñadora - o el adjetivo que estimes con mejores potenciales - es gracias a que tus padres, sociedad, cultura y experiencias te los inculcaron ¿o crees a caso que la personalidad viene dada antes del nacimiento? ¿qué la trae un alma celestial? (no sé si eres creyente). Dime si crees que tu actitud sería igual si hubieses nacido en la pobreza, el treceavo hijo de una familia podrida, si a lo largo de tu infancia sólo hubieras conocido dolor, palizas, humillaciones o vejaciones ¿dirías que te mereciste ir a la cárcel? ¿terminar en la heroína? ¿pegando a tus hijos? ¿Dirías que te falló la actitud? ¿te recriminarías no ser soñador, fuerte, optimista? ¿Sabrías acaso lo que es un sueño, lo que es amor, lo que es bondad? ¿cómo narices se puede ofrecer lo que nunca se tuvo, lo que jamás se conoció?

Y esto por ser absolutamente radical, por ir al extremo. Ya que puedo argumentar razones más de estar por casa, las que traigo en los bolsillos. El que mi padre terminase con la heroína colgada del brazo fue cuestión de suerte, de muy mala suerte, de una serie de circunstancias que se alinearon como los planetas creando una constelación de basura, un eclipse que lo enegreció todo. El que años más tarde a base de sudor saliera de ella por su propio pie fue cuestión de actitud, claro, y de suerte, de muy buena suerte. El que mi vieja haya padecido dos cáncer siendo una persona de rutinas sanas es, también, cuestión de suerte, de la mala. El que los haya superado también dependió de la fortuna, de la buena. El que yo abriera la puerta equivocada y fuera a caer en la cueva del lobo fue cuestión de suerte, te lo aseguro. Tenía once años. El que no me pudriera dentro también dependió de la suerte, claro. De la muy buena.

Mas no entiendas que considero a la susodicha como única autora de los sucesos, digamos que es otro figurante más, y que como tal interfiere en el transcurso de la obra. Ella se limita a la disposición del escenario y al reparto de papeles. A partir de ese punto ya todo es la improvisación de los actores. Pero a partir de ese punto. Y desde ese punto.

Si, como tú afirmas, el transcurso de mi vida depende en parte de la de los demás - pues como ellos actúen me repercutirá directamente - Aristóteles, significa entonces que estamos hablando de suerte. Porque en aquello que yo no puedo interferir, aquello que se escapa de mis manos lo dirige entonces la casualidad. Acontecimientos que tendrán sus causas lógicas, claro, pero con respecto a mi vida sólo influyen sus consecuencias, por lo tanto, las causas me podrían importar un carajo. Qué narices le importa a la flor que la granizara que terminó con ella fuera a causa del cambio climático, si ella atada a su pedazo de tierra no iba a poder evitarlo, mala suerte la suya por haber nacido en una época sin conciencia. Qué carajo le importó a mi viejo que su genética le hiciera sensible o que sus mayores les engañaran, mala suerte la suya por haber nacido en la generación del desencanto.

Mi madre no evitó sus cáncer. ¿Podría haberlo hecho? ¿Podría haber sabido yo lo que me esperaba bajo las escaleras? ¿sin saberlo estaba en mi mano el poder evitarlo?.


Y por último contéstame a una pregunta: ¿cómo consideras a las personas que terminan tiradas en una cuneta víctimas de la cirrosis más alcohólica? ¿responsables? ¿víctimas? ¿débiles? Yo creo, Aristóteles, que ni lo uno ni lo otro. Simplemente estaban en el lugar menos adecuado en el momento menos adecuado. Cuando en el juego de la vida se repartieron las cartas les tocó una mano de mierda, y aunque hay quien con esa jugada pudo remontar - y ole por ellos - no se puede negar que comenzaron con mal pie, especialmente cuando a otros, en el primer corte de baraja, ya les llegó escalera de color a la reina.

"Yo soy yo y mis circunstancias", que dijo el filósofo. Ojalá todo dependiese únicamente de nosotros. Cuanta responsabilidad en unas manos que nacieron indefensas, cuánta carga que soportar sobre las espaldas. Cuánto orgullo con el que aumentar el pecho.

Tu visión de la no suerte, de las consecuencias de la vida se me asemejan a ese Dios castigador, que da a cada cual lo que se merece bajo unos criterios tan humanos, tan terrenales que asustan.

No creo en ello. Prefiero no creer en ello.



Un saludo,
Jacobo.

 
Bito dixit at 2:36 PM | Permalink | 23 comments
Sunday, June 22, 2008
Los del comedor.
Los que nos quedábamos a comedor pertenecíamos a otra clase. Éramos aquellos cuyos padres estaban demasiado ocupados o hartos como para hacer horas extras, así que vestidos con batas a cuadros pasábamos más de la mitad del día dentro del colegio.

Eso nos convertía en sus indiscutibles dueños.

Por eso teníamos una actitud de resabidillos, de espabilados, de cazalleros y de sabuesos. Parecía que nos las sabíamos todas, y no había maldad que nosotros no hubiésemos intentado ya. Todos los profesores - incluidos los que jamás nos dieron clase - sabían nuestros nombres, la conserje bromeaba con confianza, e incluso los de octavo nos saludaban en los recreos, o nos citaban otro partido justo después de comer. Eso nos daba cierto aire de cosmopolitismo, de madurez.

Agudizábamos el ingenio para conseguir golosinas, teníamos nuestras propias mafias y los del primer turno siempre se las apañaban para sacarnos algún cacho de pan; una partida con ellos al fútbol bien valían la pena. Contábamos después anécdotas divertidísimas, y si para los demás los de las otras clases eran acérrimos enemigos, para nosotros eran compañeros de mesa o de travesuras.

Estábamos siempre sucios, llenos de heridas y con armas manuales en los bolsillos. Nos sabíamos cientos de juegos, y habíamos inventado otros tantos. Nos castigaban de cada tres dos, pero nunca nos importaba.

Sí, pertenecíamos a otra clase. Y caminábamos un palmo por encima de los demás, siempre tan apocados.

Así que cuando la pediatra me preguntó ayer si sería una buena idea dejar a Candela en el comedor de la guardería, y yo observé como ésta, agarrada en una esquina de la mesa, perdía el equilibrio tratando de coger una pelota al tiempo que le lanzaba besos a los Teletubbies, le dije que sí. Que no sólo me parecía una buena idea, sino absolutamente necesaria.

En fin.
 
Bito dixit at 12:33 PM | Permalink | 22 comments
Saturday, June 07, 2008
Señorita Escarlata...
En casa de mis padres jamás hubo papeles sexistas. Ni mi madre fregaba noche tras noche las baldosas ni mi padre llevaba los pantalones. Aquello, que era un barco que cada dos por tres se iba a la deriva, capitanes y grumetes nos turnábamos para achicar agua, sin que importaran los galones ni la experiencia. Cualquier nueva mano era bienvenida, y aquel que tenía tiempo o maña realizaba las tareas en pro del grupo. Lo importante entonces era llegar a tierra cada mes. Y si lo hacíamos a salvo, mejor.

Tanto cosía mi padre los bajos de los pantalones, que arreglaba mi madre el motor de Supermirafiori. Bien podía yo, subido en una banqueta, preparar macarrones para cinco que mi hermana, recién venida del colegio, ayudar con la limpieza del baño. En la casa vivíamos todos, y jamás se nos pasó por la cabeza que no fuese nuestra tarea mantenerla recogida y habitable, algo tan lógico como que para no perder los dientes uno había de cepillárselos cada noche; jamás le pedí a nadie que los cepillara por mí.

Quizás por esa razón me asombra cuánta gente, especialmente hombres, delegan las tareas más personales en sus parejas. Que no sepan cómo remendar un siete, coser un botón, recordar cuando las cortinas han de ir a lavadora, limpiar el váter o los cristales. Y que para colmo esa falta de autosuficiencia no parezca molestarles lo más mínimo.

Dejando a un lado los muy evidentes argumentos sexistas, lo que realmente no entiendo es cómo no les vence un sentimiento de dependencia o inutilidad, cómo no les pesa desconocer cosas tan básicas, cotidianas y necesarias. Cómo no les pesa conciencia que sea otro el que realice tareas tan personales. De la misma forma que no pediría a nadie que me la aguantara mientras meo tampoco pediría que me lavara los calzoncillos, que me hiciera noche tras noche la cena o que me barriese la mierda. Cada uno limpia su propio culo, eso es algo que me quedó bien claro de pequeño.

Y no, no me vengan con el argumento de la falta de tiempo o la modernidad de la época, que lo del servicio es tan viejo como la prostitución, que criados se han tenido toda la vida sólo que antes quizás se hacía convencido, ahora simplemente disimulando. Uno sale de los brazos de su madre y cae directo en los de su pareja, comportándose como un enfermo que precisa de cuidados y ortopedias.

En fin... a mí, simplemente, me daría vergüenza.
 
Bito dixit at 2:41 PM | Permalink | 26 comments
Thursday, June 05, 2008
...respecto al post anterior
Ni abandono el blog. Ni lamento el descenso de los comentarios.

Es evidente que mi anterior post está muy lejos de cumplir su cometido, que es explicar una estúpida divagación que me vino a la cabeza mientras recorría aburrido el pasado de Ecce Homo. No negaré que los comentarios son siempre motivo de alegría, porque uno sabe de inmediato cuál es la calificación de su escrito: si éste ha sido entendido y además ha gustado. Sirven también de saludo, de palmada en la espalda cuando te encuentras con un colega, ya saben un "pasaba por aquí..." pero desde luego no son la única razón del blog. Al menos en mi caso.

No será la primera vez que diga que yo soy un cuentista, que hace muchos, muchos años que dejé de utilizar la escritura como campo de batalla en el que enfrentarme con mis fantasmas - ahora tenemos otros lugares en los que luchar bastante más interesantes - Por lo que el lector es para mí una parte fundamental de la obra, pues si él ésta no existe. Así de radical.

Muy bien puede estar escrito mi texto que si no tengo a nadie que lo lea no me sirve de nada, ya que la historia yo la he narrado para alguien. Se creó para ser leída. Porque tengo una necesidad enfermiza de contar, constantemente, supongo que porque me gusta que me cuenten.
De tal forma que en el post anterior yo me planteaba que sería de este lugar si no lo leyera nadie, no si no comentara nadie. Me preguntaba si mis letras dejarían de tener sentido, si dirían algo, y de ahí ya se me fue la cabeza y pasé a la existencia con todas esas cuestiones que ya nos vienen de la época de los naturalistas. A buenas alturas fui yo a descubrir que el cielo era azul.

Soy consciente de que en los blog no basta con que uno escriba bien, aunque fuera el puto Lorca ayudado por el espíritu de Machado, es además necesario tener cierta vida social. Lo que Joseph genialmente ha descrito como las relaciones de burguesía provinciana. Esto es tan importante como una actualización continuada.

No hago ni lo uno ni lo otro. Ni visito vuestros blogs asiduamente, ni actualizo con dedicación y entusiasmo. Estoy demasiado enfrascado en la creación del cuento-novela que ya les expliqué, no tengo tiempo para más. Por eso ni me extraña ni me pregunto por qué se detiene el blog, eso ya lo sé, lo que me llama la atención es qué ocurrirá cuando se detenga del todo... ya ven, una pregunta tan insulsa como otra cualquiera.

Igualmente agradezco todos los comentarios, porque siempre que ocurren estas confusiones salen de ustedes palabras o gestos que me maravillan. Que no me esperaba y me hacen recordar porque me niego a parar Ecce Homo aun cuando se quede estancado durante décadas en puerto. Porque es un verdadero regalo tener respuesta a tus escritos, tener lectores a domicilio y siempre dispuestos. Es una joya digna de conservar.

Aunque a veces no la cuide mucho...

Sobre todo últimamente.


Jacobo.
 
Bito dixit at 5:20 PM | Permalink | 17 comments
Wednesday, June 04, 2008
Divagaciones
Es evidente que la época dorada de este blog hace tiempo se tornó de estaño. Ni Ecce Homo es lo que era ni Jacobo, su personaje y autor, lo aviva con las mismas ganas. Imagino que en la blogosfera, como en la vida, se suceden etapas, y lo que un día recorrimos en apenas dos zancadas al siguiente puede llevarnos cientos de pasos; pequeños y lentos.

Debido a mi desatención no sólo a este espacio sino a la Blogosfera en general, cada vez son menos mis lectores, y si hace un año se podían contar ochenta o noventa comentaristas diarios ahora apenas llegan a una docena semanal. Lo que me lleva a pensar que de seguir en esta línea para finales de año no habrá nadie que me lea. Entonces Ecce Homo habrá dejado de existir, pues el blogomundo, siempre de rabiosa actualidad, lo arrinconará en la nada por haber cometido el pecado de la inactividad. "Habrá muerto", pensarán los que se acuerden. "Cayó en picado hasta desaparecer", dirán los más decepcionados. "¿Bito?, me suena... ¿es acaso un actor porno?", preguntarán las féminas. Y así, olvidado del mundo y de internet seguiré publicando en silencio, contra un muro gris. Hasta que al final este espacio sea igual que el famoso árbol filosófico: ¿si nadie lo lee, está escrito?

Yo, que continuaré al otro lado del telón, quizás me haga la misma pregunta. Pues partiendo de la premisa de que escribir es comunicar - al menos para un servidor - cuando no existe la segunda no se da la primera. Ya saben, lógica de 3º de BUP: Sin receptor no hay comunicación, y sin comunicación no hay escritura, así que lo que yo haré a principios del año que viene será juntar letras formando palabras que no dicen nada, que no tienen significado, que no son más que caracteres negros sobre un fondo marrón claro si se tiene Apple, rojo sucio y feo si se tiene Windows.

Vaya lío, pensarán ustedes. Qué cosa curiosa, me digo yo. Porque si me quedo solo en medio de este bosque, con ese árbol que cae sin hacer ruido, podría liberarme como cuando me desnudo frente al espejo, poniendo muecas o representando bailes absurdos y que jamás haría en público. Podría, sin ningún tipo de pudor, contar mis secretos más bajos, sucios y violentos, podría airear confesiones jugosas, explicar todas mis vergüenzas e incluso relatar aquel temor tan guarro que escondo debajo del sobaco. Podría, en fin, saltar de lado a lado en pelota picada en la postura más indigna, dejando que brotaran los instintos más primarios y las cualidades más recónditas pero a la vez más puras. Saldría quizás toda mi esencia, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Supongo que muchos de ustedes dirán que no se necesita la soledad para quitarse las mascaras, pero yo creo que sí. Que hay ciertas normas que nos encorsetan a todos, y ciertas formas que siempre guardamos. Me refiero a esas voces que nunca se ponen en público, esos gestos que burlamos frente al ya nombrado espejo, esa guarrada - varía con la persona - que jamás confesaríamos. Me refiero a esas pequeñas cosas que apenas destacan pero que también nos definen, porque son aquellas cosas que ni el tiempo ni las sociedades han podido cambiar. Humanismos puros y duros, entendiendo por ello todo lo que es propio y único del ser humano.

Pero me estoy desviando del tema. Decía que me voy quedando solo, y que quizás esa soledad me elimine, acabe con mi existencia, de una forma menos dolorosa pero tan infalible como la muerte. De ser así... ¿no les da por preguntarse qué narices es la existencia? ¿es acaso algo que se da por sí sólo o que necesita de otros para ocurrir? ¿somos únicamente cuando nos proyectamos en los demás, ya saben, como una figura de luz que para que se la vea ha de dar contra una pared?

En fin, demasiada complicación para un post que quizás no vaya a leer nadie. Qué importa cuantas preguntas formules si no vas a obtener respuestas. Es como lanzar piedras al vacío, jamás sabrás si cayeron o quedaron suspendidas a unos palmos del suelo.

Qué narices importa lo que no se sabe.

Qué narices importa lo que no se lee.


P.D. Hummmmm veo que hay malos entendidos, y pareciera que me apena no tener comentarios. Pero no hablaba de eso, sino del silencio de los blogs, del silencio del escritor que por mucho que cree no dirá nada sin nadie que le lea al otro lado (comente o no). Ya saben "dime amor, cuando un blog se muere, ¿sabes tú a dónde va?". Algo así.

De todas formas gracias por vuestras palabras.

 
Bito dixit at 6:09 PM | Permalink | 17 comments