Cuando hice el Bito test no tenía ni la más remota idea de cuán interesantes iban a ser los resultados del mismo. Surgió como respuesta a un bloqueo mental, a una falta de inspiración, a unas ganas de actualizar pero sin tener nada en las manos, y me he encontrado no sólo con mi reflejo en vuestras pupilas sino también con algunos de vuestros gustos, manías y miedos. Y es que es evidente que cuando imaginamos sobre los demás realmente nos estamos proyectando nosotros mismos.
74 personas han rellenado el cuestionario, de las cuales, y esto es quizás de lo más interesante, más de la mitad no son en la actualidad comentaristas del blog. Algunas lo fueron tiempo atrás, a las que por cierto me he alegrado de descubrir pues las consideraba desaparecidas, y otras no sé de dónde vienen ni cuánto tiempo llevan espiando por su rendija de anonimato Esto me hace pensar que Ecce Homo es una página que cuenta con muchos más espíritus invisibles que con seres vivos con voz y opinión, lo cual no tengo muy claro si me gusta más o menos. Quizás en realidad me importe poco y simplemente me sorprenda.
De estas 74 sólo "Mi padre" ha conseguido el 100%. Bien podría ser mi progenitor, claro, pero permítanme que lo dude. Intuyo que este encuestado ha hecho trampas, como varios de vosotros, que ansiosos por cazarme en un renuncio y obligarme a escribir un post que seguramente me pondría las cosas muy difíciles, habéis repetido el test utilizando distintos nombres (excepto uno que repitió con su mismo nombre y aun así sólo alcanzó el 90%). Este hecho me ha resultado curioso, pues al fin y al cabo aquí no se regalaba nada, así que insisto en achacarlo a que, cabrones, queríais hacerme escribir algo verdaderamente puñetero e intimo. Está bien. Quizás también yo hubiera hecho lo mismo.
Por otro lado, he descubierto que la mayoría de vosotros odiáis las Coles de Bruselas, teméis los Espejos enfrentados, no probaríais la Heroína y consideráis que este tipo de test son dignos de un tipo egocéntrico.
Casi todos sabíais que soy zurdo, aunque algunos no teníais muy claro si realmente soy ambidiestro. Ni lo uno ni lo otro, sino ambos. Era una pregunta con trampa: en ella pregunto con cuál escribo, y escribir sólo lo hago con la zurda. Todo lo demás, sí, es cierto, lo hago con las dos.
También suponíais que no había hecho la selectividad, cosa que me ha extrañado, pues en más de un post comento que yo fui de los pocos agraciados cuya selectividad le subió la media del C.O.U. - por otro lado ya bastante alta - y que soy de los poquitos que saben que a los empollones una vez terminado el dichoso examen se les llama para otro, esta vez a modo de concurso en el que jugarán por una beca en la Universidad Autónoma. Yo no jugué.
Tampoco he entendido porqué la gran mayoría consideraba que soy el hermano pequeño, cuando he hablado, en al menos una decena de post de mi hermano pequeño o mi hermana mayor. Así como el tema de mis cicatrices.
Y lo de las chirimollas, amigos, hay un post que habla justamente de esta rareza mía que supongo terminará por convertirme en un pobre psicópata que se pajea frente al espejo mientras zampa ese dulce fruto justo antes de irse a cazar viejecitas con cuyas pieles construir una chirimolla gigante.
¿Conclusiones? pues que por mucho tiempo que llevemos leyéndonos unos a otros realmente no nos conocemos. En los blogs uno plasma sus pensamientos o vivencias más íntimas, más cómicas, o más cotidianas pero deja a un lado lo que en esencia es. Eso que quizás a todos nos haga únicos, y que no es nuestra alma más pura o nuestros recuerdos más personales, sino esas pequeñas rarezas, taras, manías o anécdotas que componen nuestra persona, que son marca inequívoca de lo que somos, de lo que hacemos o hicimos, y que explican, en clave de chiste quizás, todo nuestro interior. Mi pánico a las vacas es mucho más Jacoboso que los doscientos post que hay aquí sobre mis reflexiones filosóficas, políticas o sentimentales. Mis cicatrices componen mi verdadero rostro, ese que alguna vez describí y ustedes sólo imaginan, inventan, o ni siquiera eso. Mi odio por el melón es hartamente conocido por los más allegados, hasta el punto que no les es posible ver un melón sin recordar mi repulsiva cara de asco sólo con oír su nombre.
Somos, y ya termino, verdaderos desconocidos. Gente de la que aun sabiendo sus más guarros secretos seríamos incapaces de reconocer por la calle. E imagino que esto se debe a que el Yo no es en realidad lo que pensamos o sentimos, sino lo que vivimos y experimentamos. Nuestras reflexiones no son más que una serie de conclusiones que, lejos de presentarnos, tan sólo evidencian cómo funciona nuestro cerebro. Nuestras palabras son simplemente el eco pasado, una mínima porción de nosotros, pues nuestro Ser refleja verdaderamente en nuestros actos, en nuestras espontaneidades, en el humor que te levanta cada mañana, en la respuesta rápida que das a un chiste, en la forma de caminar, de quedarte dormido en el sofá.
Un mundo de palabras es entonces un mundo de mitad de un cuarto. No es nada más que aire, sonidos o dibujitos que no reflejan una realidad, sino la subjetividad de aquel que escribe y aquel que lee. Así, por lo tanto, ninguno de vosotros conoce a Jacobo y es más, el Jacobo que cada uno cree ver es radicalmente distinto al de todos los demás, dejándome a mí, al ser real que ahora mismo escribe frente a su ordenador, convertido en un personaje en vuestras mentes, en mis letras. Alguien que desaparecerá en cuanto pulséis el botón de salida.
Nadie. Sólo un puñado de palabras que en seguida se llevará el viento. O el olvido.